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Viaje a Marruecos (del 19 al 30 de marzo de 2008)

Por fin comenzó la Semana Santa, en esta ocasión como sinónimo de viaje interesante y diferente, ya que para todos era la primera vez que salíamos de Europa en Autocaravana. La cita para el encuentro era el jueves 26 de marzo en Algeciras, con la idea de dormir todos juntos y partir a la mañana siguiente rumbo a Ceuta. Conocimos a Carmen, que nos fue adelantando los trámites de la frontera y nos fue introduciendo en nuestra inminente aventura.

Teníamos que cruzar el estrecho, cosa que para gente de mar como nosotros, parecía pan comido… Vaya travesía!, no fue mala, fue peor!! Pero a las 8,30 de la mañana del viernes santo ya estábamos en África dispuestos a pasar la frontera y adentrarnos en Marruecos. Los trámites de aduana nos llevaron poco más de una hora, por lo que antes de las 11 de la mañana estábamos a las puertas de un hipermercado en Tetuán.

Allí, saludábamos con algo más de detenimiento a Hassan (nuestro guía), Carmen nos entregó un libro personalizado con el recorrido, información de distintos lugares, curiosidades y hojas en blanco para completar nuestro propio diario. Cambiamos la hora de nuestros relojes (1 hora menos) y nos dispusimos a comprar algunos productos “olvidados” para proseguir la ruta. Atravesar Tetuán supuso sumergirnos de lleno en un mundo distinto, encontrarnos con los minaretes, adivinar el caos de las medinas árabes y tomarle el pulso a una arquitectura y paisaje urbanos distintos a los habituales.

Como el viernes es el día de oración para los musulmanes, los bancos estaban cerrados y no pudimos cambiar moneda, por lo que emprendimos camino a Meknes. La carretera nos iba descubriendo un paisaje familiar e inesperado: verde, muy verde, con olivos y otras especies absolutamente mediterráneas. El día estaba bastante nublado, aunque la parada para comer estuvo presidida por el sol. Por la tarde, llegamos a Volúbilis que es el conjunto de ruinas romanas más importante de Marruecos. La visita guiada nos permitió descubrir columnas, mosaicos en buen estado, restos de termas romanas y disfrutar de la primera puesta de sol espectacular.

Ya de noche, entramos en Meknes (una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos), atravesamos las murallas así como el patio abierto frente al palacio imperial, para dirigirnos al camping. El trayecto fue espectacular. Muchos de nosotros decidimos adentrarnos en el ambiente yendo a cenar a la plaza El Hedim (explanada de 200m de largo por 100m de ancho). En una de las terrazas degustamos pinchos morunos. Después nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente acudimos de nuevo a la plaza, visitamos un mercado y callejeamos por la zona comercial de la ciudad: los herreros, los carpinteros, los curtidores … todo era un descubrimiento, comenzaba a aparecer un mundo de costumbres, artesanía, olores, vestimentas, etc distinto a lo conocido. Después del primer paseo encontramos un banco donde cambiar euros por dinhars. Después, la visita al Mausoleo de Mulay Ismail y seguimos con la ruta que nos conduce a las altas montañas del Atlas. El día anterior había nevado y nos desplazamos con la inquietud de qué íbamos a encontrar.

A mediodía llegamos al bosque de cedros, una extensión de 750.000 Ha situada a unos 2000 m de altura. Qué frío! Vamos a ver a los monos para darles de comer zanahorias y mandarinas que cogen con descaro de nuestra mano. En la explanada hay tenderetes y vendedores que nos ofrecen su artesanía y seguimos practicando con el regateo. Tras la comida la carretera nos lleva hasta Midelt y de allí al valle del Ziz, donde las montañas se encuentran con el desierto en un bello paisaje salpicado de palmeras datileras. En el corazón del valle encontramos el albergue Jurasique donde nos dan la bienvenida con té (tal como marca la tradición) y donde nos disponemos a pasar la noche.

La cena consiste en una sopa espesa con verduras y fideos y un apetitoso cuscús de pollo y verduras. Después los tambores y panderetas amenizan una velada al más puro estilo berebere.

El domingo amanece soleado y con un cambio de planes debido a las copiosas lluvias caídas en la última semana, que nos impiden visitar las gargantas del Todra, por lo que nos dirigimos a Er Rachidia y de allí a Rissani para comer una típica pizza marroquí y visitar el mercado semanal del domingo. En el trayecto vamos cruzando diferentes “puertas del desierto” que señalan los cambios de provincia desde ambos lados de la carretera. La entrada en Rissani nos conduce a través de una puerta con tejas verdes que nos regala fotos espectaculares de nuestras Ac’s.

La ciudad de abre ante nosotros árida y polvorienta, con sus calles sin asfaltar y con decenas de curiosos que nos salen al paso para pedirnos regalos y ofrecernos sus detalles de artesanía que nos deben interesar como souvenir para familiares y amigos. A la hora de comer nos instalamos en el “restaurante” exclusivamente ocupado por nosotros y con algunas mesas casi en la calle. Después de comer continuamos con la visita: el mercado del ganado, ovejas, cabras, vacas, burros y luego el zoco con toda su variedad y color. La visita finaliza en la tienda de quien ha sido nuestro guía, donde nos ofrecen té y gran variedad de productos sobre los que seguir practicando el arte del regateo. Salimos contentos hacia las Ac’s donde una manada de niños y jóvenes nos esperan para ser obsequiados con caramelos, refrescos, gorras, bolis o cualquier otro presente de origen europeo, a cambio de unos colgantes de piedras fósiles y otras cosas.

Seguimos la ruta hacia Merzouga donde nos conducen de nuevo a un almacén de alfombras y muchas otras cosas. Después de adquirir objetos diversos, según el interés de cada cual, llegamos a la Kasbah Kanz Erremal, presidida por un estupendo palmeral donde aparcamos las Ac’s. La cena consiste en una ensalada de verduras cocidas y Tajine de pollo. Después de cenar, de nuevo los tambores y las danzas nos proporcionan un rato de diversión antes de ir a descansar: mañana nos espera el desierto.

A las ocho de la mañana del lunes, el desayuno está dispuesto, un típico desayuno berebere a base de tortillas, dulces de almendras, fruta y otros manjares más habituales, como fondo, las dunas doradas bajo el sol cálido de la mañana. A las nueve en punto salimos en los “todo terreno” por caminos no definidos para descubrir el desierto. Nos dirigimos al centro de salud de Merzouga para entregar medicamentos.

La siguiente parada es junto a un lago, allí saludamos a un “amable camello” que come hierba a orillas del lago y que se presta paciente a salir en las fotos, incluso en la de grupo. Después vamos al poblado de los negros donde reside una tribu de familias negras que nos descubren su folklore y nos permiten visitar la escuela. La ruta continua hacia una antigua mina de plomo abandonada, situada en el desierto negro, luego una cantera de fósiles con incrustaciones de animales marinos y la visita a varias haimas para entregar ropa y juguetes a varias familias agradecidas que nos ofrecen su hospitalidad. ¡Sin duda una experiencia intensa!

La comida nos sorprende en un oasis, ensalada de garbanzos, pollo a la parrilla y frutas diversas. Por la tarde, regresamos al albergue para cambiar los coches por camellos y dirigirnos a la gran duna a contemplar la puesta de sol. Sin duda otro de los momentos mágicos en un mar de arena que se tiñe de colores variados según la luz y el viento. ¡Qué espectáculo!

La salida del martes es más pausada, a las diez de la mañana ponemos rumbo a Erfoud donde visitamos a la familia de Hassan, conocemos a su esposa y a sus tres hijos (los mellizos solo tienen 5 meses y el mayor 5 años). Nos ofrecen té y nosotros algunos regalos. Después visitamos una fábrica de fósiles y contemplamos la manera de trabajar artesanalmente. La parada para comer la realizamos junto al geiser de agua sulfurosa que mana en pleno desierto. Por la tarde llegamos nuevamente al albergue Jurasique donde podemos hacernos tatuajes con henna. De nuevo la cena y la fiesta amenizada por un grupo de bereberes.

La salida del miércoles es a las ocho, vemos las gargantas del Ziz con detalle y nos dirigimos de nuevo a las montañas para atravesarlas en dirección a Fez. Llegamos a media tarde. Después de la ducha nos vamos a cenar a un palacete con espectáculo y sorpresas, nos esperan danzas, magia y escenificación de las costumbres del país, además con la participación del público.

A la mañana siguiente visitamos Fez, con su gran medina, ese laberinto de calles en el que es imposible no perderse. Pero antes, las puertas del palacio real (por cierto, el Rey y su familia están en la ciudad estos días) y los alrededores de esta gran ciudad. La visita nos lleva por las callejuelas, la mezquita, el barrio de los curtidores. A la hora de comer, de nuevo un palacete en el corazón de la medina nos alberga para ofrecernos unos entrantes variados y tajine de ternera. Después la visita continúa hasta el atardecer, cuando regresamos al camping.

El viernes nos ponemos en marcha a las nueve. Todavía nos quedan algunas cosas para entregar (ropa), por lo que realizamos alguna parada en pueblos pequeños de nómadas o pastores. A la hora de comer casi hemos llegado a Chefchaouen, aunque paramos antes para comer cordero a la parrilla. A las cuatro y media de la tarde y ya instalados en el camping nos recoge el guía para comenzar el recorrido de este sorprendente pueblo azul. Sus calles son distintas a lo visto hasta ahora y sus gentes nos acogen con amabilidad y bullicio. Por la noche, la cena en la plaza marca ya el final de esta aventura que nos ha cautivado a todos.

El sábado nos dirigimos de nuevo a Tetuán y de allí a Ceuta para cruzar el estrecho. Los comentarios son variados, para algunos nos ha sabido a poco, para otros ha sido suficiente, pero todos estamos satisfechos de un viaje repleto de contrastes, de diferencias, de paisajes variados, de suciedad, pero de muchos momentos de satisfacción que nos guardamos en cada uno de nuestros corazones.

El primer viaje de Abaces a Marruecos … seguro que no será el último. ¡Volveremos!

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